VOLVER

EDITORIAL 170 - noviembre 2011

 

 
kick off
Por Adolfo Etchegaray
   
 

palomoTuvo que trascurrir un cuarto de siglo para que los All Blacks volvieran a levantar la copa Webb Ellis. Y enfrentando a Francia, el mismo rival que dos veces le mostró la roja y los echó de un Mundial. También sucedió en el mismo escenario, el mítico Eden Park, un bastión invencible para los anfitriones que llevan 17 años sin conocer la derrota. (desde el 3 de julio de 1994, que fue victoria de Francia por 23-20). Hay fiesta en Nueva Zelanda. Festejan los All Blacks como en 1987. Pero aquella vez era la Francia de Serge Blanco y por un 29-9. En esta ocasión la tribuna vestida de negro y en silencio, rezaba una plegaria. Fue un marcador ajustado, mínimo, por 8-7, el resultado más bajo en una final. Y así como Brasil ostenta el título de “o rey do futebol” ahora sí Nueva Zelanda, puede decir que es el mejor del mundo. Los All Blacks habían perdido a Dan Carter, un puro talento que marca los ritmos del juego y el responsable, con sus chispazos geniales, de que los hombres de negro sean siempre favoritos. La maldición de los aperturas, ese maleficio que se llevó puesto a quien se pusiera la Nº 10, hizo que terminara asumiendo esa responsabilidad Stephen Donald, el cuarto apertura en la línea de sucesión de los All Blacks. Fue el primer jugador en debutar en una final de un Mundial y finalmente el héroe, porque se hizo cargo del último penal. Y no falló. Los de Negro se pegaron un buen susto pero lograron un título merecido. Francia hizo todo lo necesario para ganarles, excepto los puntos y los All Blacks son otra vez campeones del mundo, pero no por lo que hicieron en la final. Muchos en la tribuna temblaron, y no de frío, porque se habló de viejos fantasmas, pero esta vez vestidos de blanco, que recordaban la semifinal del 99, en Cardiff. Siempre el aguafiestas era el mismo: Francia. Y el temor era revivir la “gallineada” de los Hombres de Negro con un rosario de frustraciones en los Mundiales. Pero con una férrea defensa los All Blacks lograron que Francia, un dignísimo rival, no hiciera prevalecer su enorme potencial y sus innumerables virtudes. Dejaron pasar los minutos y llegó la pitada final. Lo que alguna vez fue silencio después del triunfo se convirtió en un festejo alocado. Los nuevos héroes habían logrado lo que se les negó durante 24 años.
En cuanto a Los Pumas volvieron a hacer historia. Por tercera vez se metieron entre los ocho mejores del mundo. Fue una actuación heroica, de esas que a pesar de la derrota, se recordará siempre. Argentina le jugó de igual a igual a los All Blacks en su casa, ante su gente y en un Mundial hecho a su medida. Fue la despedida para unos Pumas que resistieron con coraje y pasión ante el poderío del mejor equipo del mundo que recién pudo establecer una diferencia mentirosa en el final del encuentro. El balance fue positivo, dejaron nuevamente a la celeste y blanca en lo más alto y sirvió como medida para saber cuál es el nivel del rugby argentino de cara a lo que viene: el Rugby Championship, o simplemente, el torneo más prestigioso del mundo.
Será un desafío sin precedente.
Y para el final, un comentario de la definición del torneo de la URBA.
Cuando se consumían los 100 minutos de la maratónica final, era empate en once y la chicharra anunciaba que ya no había más tiempo, el SIC encontró en el oportunismo de Benjamín Madero el drop de oro que le permitió retener la Copa VW. Antes los de Tortuguitas habían hecho todo para merecer el título pero se toparon con la suerte del campeón. Alumni dominó con sus forwards gran parte del encuentro. El SIC mostró una defensa disciplinada que no cometió infracciones y mucho oficio para retener la corona.
¡Salud campeón!

 



VOLVER